Monthly Archives: November 2016

Un poema de Adília Lopes

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No me gustan tanto
los libros
como a Mallarmé
parece que le gustaban
yo no soy un libro
y cuando me dicen
me gustan mucho sus libros
me gustaría poder decir
como el poeta Cesariny
fíjate
a mí me gustaría
es que tú gustases de mí
los libros no están hechos
de carne y hueso
y cuando tengo
ganas de llorar
abrir un libro
no me alcanza
necesito un abrazo
pero gracias a Dios
el mundo no es un libro
y la casualidad no existe
entretanto me gustan mucho
los libros
y creo en la Resurrección
de los libros
y creo en que en el Cielo
haya bibliotecas
y se pueda leer y escribir.

(Traducción de Alejandro Rodríguez Morales)

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Capricho

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Van las palabras

de una orilla a la otra

transformándose en el viaje

inevitablemente,

dejando estelas visibles

a su paso

que forman el poema

sujeto al azar de la brisa,

a la casualidad de la marea,

al capricho de la mano que lo escribe

y de los ojos que lo leen.

 

Palabras

de una orilla

transformándose,

estelas,

paso,

poema:

Azar,

casualidad,

capricho de la mano,

ojos.

 

(Alejandro Rodríguez Morales)

Cuando toca dejar de hacer silencio

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Cuando toca dejar de hacer silencio

Desde hace quizá demasiado tiempo he guardado silencio respecto a una persona movido por la idea de no empeorar su situación. Sin embargo, sucede que puede llegarse al punto en que sea ineludible dejar de hacer silencio y ese punto en efecto ha llegado. Se trata de alguien cuyo nombre no hace falta mencionar pero que muchos saben muy bien quién es. A esta persona la conocí con ocasión de haber sido estudiante de una materia que impartía en la Universidad Católica Andrés Bello. Durante el curso puedo decir que fue una buena estudiante, responsable y atenta. No obstante, en algún punto comenzó a enviarme correos electrónicos en un primer momento para hacer consultas sobre la materia, pero luego para que leyera algunos textos suyos (sabiendo ella que me precio de amar la lectura), incluso una carta que envió al concurso de cartas de amor organizado por MontBlanc.

Más adelante, ya habiendo finalizado la materia y por ende no existiendo más un vínculo de estudiante-profesor que le permitiera verme, empezó a mandarme más correos, ahora con recomendaciones de música y más textos suyos y de otros poetas, como Octavio Paz. Tengo debidamente guardados estos correos con sus fechas respectivas (que no publico aquí para mantener todavía un cierto respeto, pero que perfectamente puedo publicar en cualquier momento).

Estuvimos teniendo intercambios por correo electrónico pues no veía nada malo en tener dicho intercambio (que ojalá no hubiese tenido). Entonces ella me había agregado también al Blackberry Messenger, medio por el cual comenzamos a comunicarnos, siempre desde la cordialidad y compartiendo intereses y gustos comunes en cuanto a lo literario y lo musical.

Luego de algunos meses de intercambio por esas vías, ella me dijo que si podíamos tomarnos un café e ir juntos a alguna librería. Yo, torpemente, entendí que se trataba de una salida de amistad, por lo que no me pareció un problema ni el café ni la librería. Fue de esa manera que comenzó una amistad que yo apreciaba bastante dado que compartíamos gustos e intereses. Fueron muchas tazas de café y muchas librerías.

No obstante, esa relación que era solamente de amistad (y que yo en ningún momento dije que quisiera que fuera otra cosa), resultó afectada cuando una noche, cuando la llevaba yo a su casa, al despedirse de mí sin ton ni son decidió darme un beso en la boca.  En el acto le dije que eso no estaba bien y que yo no quería tener una relación de ese tipo con ella. Por supuesto que ella entró en negación y dijo que yo sí quería, que lo que pasaba era que yo no me daba cuenta y que mis gestos mostraban que sí era lo que yo quería. Le insistí, una vez más, que no quería una relación de pareja con ella.

Allí comenzó el verdadero problema. Y en este punto no puedo evitar reflexionar que el amor es algo a lo que no puede obligarse a nadie, por lo cual si una mujer rechaza a un hombre (y lo deja en la llamada “friendzone” o zona de amistad) ese hombre tiene que marcharse y olvidarse del asunto, pero lo mismo es igual de válido en caso de que sea un hombre el que rechaza a una mujer (y la deja en esa “friendzone” antes mencionada). A pesar de eso, conozco varios casos en los que un hombre le dice a una mujer que no quiere una relación amorosa con ella y eso conlleva, lamentablemente, que esa mujer no lo tome adecuadamente y diga cosas como que “seguramente es homosexual” (por no utilizar otros términos, y siendo en realidad que ser homosexual no puede ser tomado como insulto aunque es el modo en que en ese caso quisieran usarlo), o que “es un patán, un desgraciado” y otros improperios similares o peores.

Luego de aquella noche, después de la cual quizá yo debí haberme alejado de manera tajante, ella siguió buscándome alegando que se disculpaba por lo ocurrido, y que ella quería ser mi amiga y nada más, que me lo prometía y que no volvería a pasar. Pero claramente ya la relación no era la misma y yo tuve que seguir insistiendo una y otra vez en que yo no quería una relación amorosa con ella. El rencor, entonces, se fue acumulando en sus pensamientos y la relación se volvió tóxica; mi error, como dije, no haberme distanciado tajante e irreversiblemente. Tuve incluso que decirle que no me gustaba, pero no lo entendía; lamentablemente parecía no haber forma de que me entendiera. Me llegué a plantear decirle incluso que era homosexual (lo cual no es bueno ni malo, simplemente es para quien lo sea) para ver si abría los ojos (quizá hubiese sido mejor).

Así las cosas, llegó un momento en que efectivamente nos dejamos de hablar y ya no hubo más comunicación ni por messenger ni por redes sociales. Fue después de mucho tiempo que, creyendo yo que ella había resuelto sus pensamientos, volvimos a tener un cierto contacto, si bien ya no cercano sino meramente a través de las redes sociales.

Lamentablemente, ella no había volteado la página y su rencor se manifestaba de cuando en cuando con las famosas “indirectas” en las redes o con poemas o textos que publicaba pretendiendo decir que le hice daño (cuando simplemente yo no quise tener una relación de pareja con ella), así como también a través de comentarios “anónimos” en mi blog diciendo lo malo que es ese espacio o los poemas que allí publico. Ya entonces, y por amigos en común, que no eran pocos, iba sabiendo de toda clase de cosas negativas que le decía sobre mí a otras personas, como que yo le había hecho daño o que yo era una mala persona, un monstruo y un largo etcétera que no merece la pena detallar. Incluso escribió varios mensajes “indirectos” para decir que mis libros eran malos y que no debía publicar yo ni un solo poema más. En un doble juego, dicho sea de paso, me enviaba de cuando en cuando, algún mensaje privado en Twitter diciendo que tal o cual poema que publiqué era bueno. En definitiva, como dije, el vínculo ya era sumamente tóxico.

Toda esa situación ha conllevado, entre otras cosas, que ya no me parezca viable invitar a una mujer a un café en plan de amistad, por el temor de que pueda creer que yo quiero algo diferente y todo termine mal otra vez (si bien por fortuna, hoy por hoy, tengo una bonita relación con una mujer con la cual yo sí quiero estar, pues incluso se lo digo a diario). También me he aislado cada vez más, para evitar casi toda interacción que alguien pueda tomar de manera distinta.

Pero en fin, el caso es que hace algunos días me encontré con que en Goodreads (plataforma para compartir lecturas), sorpresivamente había dos “personas” calificando uno de mis libros con una y dos estrellas. Eso no tendría nada de peculiar en sí mismo pues cualquier libro, incluso uno escrito por un ganador del Premio Nobel de Literatura, puede no gustarle a mucha gente o a casi nadie o a algunos pocos. Lo peculiar en este caso es que justamente esas dos personas calificaban un libro de ella con cinco estrellas, algo que, por su forma de actuación durante todos estos años desde que le dije que no quería nada con ella, coincidía exactamente con ella. Fue así como, para que notara que yo me había dado cuenta de esto, hice lo propio y califiqué, vía otras cuentas en Goodreads, su libro con una y dos estrellas y el mío con cinco. Efectivamente ella se dio cuenta y eso activó nuevamente su rencor y su rabia, lo que conllevó que me eliminara nuevamente de Twitter (no pudo en Facebook porque hace meses cerré mi cuenta en esa red) y que publicara precisamente en Facebook un texto lleno de ofensas y alegaciones en mi contra, todas originadas, lamentablemente, por aquella relación que ella quería conmigo y que yo no quise.

Ella, probablemente, seguirá hablando mal de mí, diciendo que le hice daño o que de repente soy homosexual y por eso no quise nada con ella, o que soy un loco y cualquier otra cosa que se invente, pues, lamentablemente, hablar y escribir cosas negativas de cualquiera es gratis, por lo que no ha de extrañarme nada de lo que pueda decir producto del rencor que todavía guarda por mi negativa.

Pienso que es bueno, sin embargo y en definitiva, que todo esto haya pasado, pues ahora mi cuenta en Twitter está conformada por quienes me son más cercanos y saben de esta historia que nunca debió ocurrir y que mantuve en silencio todo lo que pude.