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Un poema de Patience Carter, sobreviviente del tiroteo en Orlando

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Patience Carter, de 20 años de edad, fue una de las víctimas del tiroteo en la discoteca Pulse, de Orlando, Estados Unidos. Logró sobrevivir al disparo que recibió en una pierna. Como se sabe, 49 personas no lograron salir con vida del lugar, convirtiendo a este tiroteo en el más mortal de la historia de los Estados Unidos. A continuación la traducción que he hecho del poema leído ante los medios por la propia Carter.

 

La culpa de sentirse agradecida de estar viva es pesada.

Querer sonreír por haber sobrevivido pero no estar segura si las personas alrededor están listas.

Mientras el mundo se enluta, las víctimas son asesinadas, y cruelmente masacradas, me siento culpable por gritar acerca de mis piernas en dolor porque no puedo sentir nada

Como los otros 49 quienes no fueron tan afortunados de sentir este dolor mío.

Nunca pensé en un millón de años que esto podría pasar.

Nunca pensé en un millón de años que mis ojos pudieran presenciar algo tan trágico.

Viendo las almas dejando los cuerpos de los individuos.

Viendo el arma del asesino atravesar mi periferia derecha.

Viendo la sangre y los escombros cubriendo los rostros de todos.

Viendo los pies del tirador bajo la cabina mientras pasa.

La culpa de sentirse afortunada de estar viva es pesada.

Es como el peso de las paredes del océano estrellándose descontroladas por la sobrecarga.

Es como estar drogada a través del césped con una pierna destruida y ser lanzada en la parte de atrás de un Chevy.

Es como ser llevada de urgencia al hospital y te digan que vas a lograrlo cuando a tu lado hay individuos cuyas vidas fueron tomadas brutalmente.

La culpa de estar viva es pesada.

 

(Traducción de Alejandro Rodríguez Morales)

La casa sola

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(Ilustración de Don Clark)

Está como sola la casa

siempre

después de cierta hora

de la noche,

esa en la que prevalece

el silencio

y el millar de pensamientos

que lo acompañan

y el millar de ruidos desconocidos

que vienen con él.

Está como sola la casa

siempre

a cierta hora de la noche,

y aunque no esté sola

y en realidad sea uno

quien lo esté.

 

(Alejandro Rodríguez Morales)