¿Por qué escribo?

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¿Por qué escribo?

Hay quienes dicen que quien escribe no debe preguntarse el por qué escribe, sino que simplemente debe escribir. Pienso, de hecho, que cuando alguien malintencionado pregunta “¿por qué escribes?” queriendo preguntar realmente “¿por qué escribes si lo haces tan mal?”, una respuesta muy válida es “porque puedo escribir”. Sin embargo, para quienes escribimos, la pregunta de por qué lo hacemos en realidad es una que, incluso de forma inconsciente o involuntaria, nos hacemos más de una vez y cada cierto tiempo.

Pensando en esa pregunta quise indagar más (y el inconsciente tiene una profundidad indudable), para lo cual decidí hacer una lectura con mi ejemplar del Tarot de Marseille Jean Dodal de 1701 (que por lo tanto este año cumple 315 años de antigüedad), preguntándome a mí mismo mediante las cartas “¿por qué escribo?”. La respuesta, como me pasa frecuentemente cuando leo el Tarot, fue de una precisión asombrosa.

En efecto, aparecieron en la lectura inicial los siguientes Arcanos Mayores: Force (XI), L’Ermite (VIIII), Arcane sans nome (XIII). De inmediato me llamó la atención que aparecieran La Fuerza y El Ermitaño uno al lado del otro, viéndose uno al otro. Esa posición de ambas cartas me lleva a decir que escribo para sacar a la luz lo que llevo por dentro, para iluminar esa oscuridad que también soy, todo lo que se encuentra sumergido en mi ser más esencial y que no quiero suprimir, sino por el contrario abrirle la boca para no ahogarme con sus palabras que, en cambio, necesito decir.

El Arcano sin nombre, por su parte, me indica que también escribo para exorcizarme de la muerte, pero, ¿de cuál muerte? Pues de aquello con lo que debería cortar, aquello a lo que le debería poner fin. Ante esto me pareció necesario sacar una carta adicional para indagar entonces qué es eso de lo que intento librarme, y la carta que apareció fue el Arcano Mayor XV, Le Diable, que en esta lectura me pareció que hacía referencia a las ataduras, de mi profesión, pero también y sobre todo de los prejuicios que otras personas quieren imponer para impedir que escriba porque según esas personas no debería escribir. En consecuencia, escribo también para cortar las ataduras que pretenden asignarme con la finalidad de que reprima mi aspecto creativo, el fuego creativo que en definitiva puede estar encendido en cualquier persona que no se proponga extinguirlo sino avivarlo. Escribo para expresarme, pues la creatividad no es otra cosa más que la expresión de lo que es la persona que ha creado algo, por lo tanto es también una manera de ser. Quien se expresa, es, porque para ello debe extraer el material que le permite expresarse de su propia esencia, de su propio ser.

En cualquier caso, y precisamente para algunas personas que desearían que no lo hiciera, debo decir que escribo, también, porque puedo escribir.

Siendo así, concluyo esta entrada con un poema que titulé “Cuerpos que son caminos”.

 

Yo no quiero encontrarme,

quiero perderme en ti,

porque hay cuerpos que son caminos

que uno desea recorrer enteros

aunque eso implique la posibilidad

de perderse en el viaje,

de no tener la certeza

del lugar de destino

ni del tiempo de permanencia,

aunque eso implique

comprar un pasaje solo de ida

para que la única vuelta

sea la de nuestros brazos

alrededor de nuestras espaldas,

para que lo que era apenas estadía

pueda convertirse en residencia.

 

(Alejandro Rodríguez Morales)

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