Poesía de Portugal: Algo más de Matilde Campilho

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TWO-LANE BLACKTOP

Aprenderé a amar las casas

cuando entienda que las casas son hechas de gente

que fue hecha por gente

y que contienen en sí la posibilidad

de hacer gente.

 

VELERO

Querido: las palmeras brillan más que el oro. Walter Benjamin tenía razón sobre los círculos – cuanto más se dan vueltas en el amor, más se expande el amor. La filosofía es una matemática muy esclarecedora y cualquier día incluso va a salvar el mundo. Querido, cuatrocientos años después y tú y yo todavía somos una especie de Ferris Bueller’s Day Off. Oh, ¿viste los coros de niños en la avenida? La alegría es un carro de bomberos completamente adornado de plumas y caballos salvajes atravesando todo. La libertad se hace entera debajo de la palabra, entre un músico Tang y un jarrón de Oaxaca. Los continentes se aproximan dulcemente y, como tú me explicaste, el europeo salvaje aún va a pronunciar su esplendor. Creo mucho en aquello que nadie más espera, principalmente después que me topé de frente con el dorso de la ballena solitaria. Todo canto tiene un tono, y la mayoría de los mamíferos se agrupan por el reconocimiento de una musicalidad común. Sí, el fadista va a escoger al fadista, y las manadas de ballenas acostumbran emitir su sonido de cerca de 20 Hertz por océanos infinitos. En comunión. Pero sucede que en 1989 alguien descubrió una ballena que canta solitaria a 52 Hertz – sin primos, sin hermanos, sin mejor amigo, sin isla en la cual hacer un pit stop. Nadie vocaliza en su frecuencia, ningún oído escucha sus 52 puntos. Hay milagros. Después del surgimiento de la ballena solitaria, después de los círculos de Benjamin, después del desdoblamiento del poema XIX, después de la canica de Seymour Glass girando en el dedo del jugador de baloncesto, dime, ¿cómo no creer en el brillo natural que diariamente resplandece en el interior de la tierra? Querido, tu rostro de espanto ante el helado de fresa en una tarde de domingo es la maniobra que pule la piel del planeta. Queridito, estamos invirtiendo la profecía de Eliot. Estamos curando el resfriado de Madame Sosostris, y esto va a dar mucha alegría incluso mucha ciertamente. Sea como sea, fuese por lo que fuese, seguimos usando el collar de perlas que está hecho con los ojos del marinero fenicio. En este depender del amor, más allá de la pasión y más allá del deseo: nadie más se ahogará.

 

(Traducción de Alejandro Rodríguez Morales)

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