Monthly Archives: February 2014

Sylvia y la vida antes de Ted

IMG_00000145

Comencé a leer el libro “Mad girl’s love song. Sylvia Plath and life before Ted”, que fue publicado el año pasado, no casualmente en febrero, en los Estados Unidos y que no ha sido traducido – quizá lo sea algún día, quizá no – al español.

De entrada me parece interesante que el libro sea un acercamiento a la vida de Sylvia concretamente en los años previos a su encuentro decisivo con Ted Hughes (se casó con él a los 4 meses de haberle conocido). Y digo que me parece interesante ese acotamiento concreto ya que en torno a Sylvia Plath, y por supuesto a Ted Hughes, se ha dicho tanto que, como señala Andrew Wilson (el autor de este libro), su historia “ha tenido la resonancia de un mito moderno”.

Precisamente entre las muchas cosas que se dicen está la cuestión sobre qué impacto tuvo o no, o en qué grado, la aparición de Ted en la vida de Sylvia. Al respecto hay quienes consideran, y esto puede tener que ver con las propias acciones de Ted como albacea literario de Sylvia, que sus mejores poemas son los de “Ariel” y que incluso los poemas previos a 1956 (año que en se conocieron y casaron Sylvia y Ted) no son más que mera “Juvenilia” (tal como son calificados en la edición de los “Collected Poems” de Sylvia que fuera preparada por Ted). Por ende, esta primera perspectiva se decantaría por mostrar que Ted influyó decidida y positivamente en la poesía de Sylvia, y que junto a él fue que ella alcanzó a tener una verdadera voz propia y a ser una poeta en toda la extensión de la palabra. Entretanto, otros consideran que ya Sylvia, antes de conocer a Ted, era una poeta valiosa, por lo cual tendría que tomarse en cuenta también lo que escribió con anterioridad al año 1956, y no considerarlo simplemente como “Juvenilia” a modo de menosprecio.

Por otra parte, de lo que mucho se hablado igualmente es de si el suicidio de Sylvia tuvo algo que ver con la presencia/ausencia de Ted, o en cambio hubiera escrito ese final aunque no hubiera conocido nunca al poeta inglés.

Apenas estoy comenzando a leer el libro de Wilson, y no pretendo ser ni soy un experto en literatura ni mucho menos tengo una “verdad” en mis manos sobre el tema (nadie la tiene), sino tan sólo una opinión, que nadie me ha pedido pero que quiero expresar porque sin duda soy lector tanto de la obra de Sylvia como de la de Ted, y porque hoy es 11 de febrero, fecha que me lleva ineludiblemente a recordar a esa maravillosa poeta estadounidense que fue Sylvia Plath.

Así, me parece que la poesía de Sylvia previa a 1956 es valiosa y destacable, si bien los poemas de “Ariel” tienen una carga emocional que no pasa desapercibida a ningún lector; debiendo acotarse además que por supuesto Ted tuvo influencia en la poesía de Sylvia tanto como ella tuvo influencia en la poesía de él (baste para comprobarlo leer las “Cartas de cumpleaños” de Ted). Cuando dos personas se tocan, cuando entran en contacto, es inevitable que haya una influencia mutua, mayor o menor según los casos, pero influencia al fin. En la Criminalística hay un principio (el principio de Locard) que dice “Todo contacto deja una huella”, para mí eso es válido también en cuanto a nuestra convivencia como seres humanos, de modo que pensar en una “asepsia” de la poesía de Sylvia respecto de su relación con Ted me parece una tontería, una necedad.

Luego está el tema del suicidio, del que este 11 de febrero de 2014 se cumplen 51 años. En cuanto a esto considero que culpar a Ted del suicidio de Sylvia resulta un sin sentido. Claro que incidió el hecho que Ted le fuera infiel y se separara de ella para mudarse con Assia Wevill, pero no puede decirse que fuera “la razón” o “la causa” del suicidio de Sylvia, todavía más cuando nos damos cuenta que en el año 1953, teniendo Sylvia 20 años de edad, intentó suicidarse y estuvo cerca de lograrlo. A ello hay que sumar, por su parte, muchas palabras de su Diario previas a 1956 en las que pone en evidencia su tristeza interior, su soledad, el dolor por la pérdida del padre, los resentimientos contra su madre y otros tantos conflictos que evidenciaban desde aquellos tiempos, entonces, que el suicidio era un final anunciado de forma reiterada. No quiere decir esto, sin embargo, que el suicidio fuera el único y obligatorio final de la historia de Sylvia, pero sin duda era uno que no sorprendería a la luz de lo arriba mencionado.

En una canción de Nanci Griffith llamada “Back when Ted loves Sylvia” se dice algo con lo que me siento de acuerdo: “Why did she end it all?/ Was he just to blame?/ There’s only two that know for sure/ and neither one remain./ I don’t need an answer/ I prefer to read between the lines” (“¿Por qué ella le puso fin a todo?/ ¿Se debe culpar sólo a él?/ Sólo hay dos que saben realmente/ y ninguno de ellos está ya./ No necesito una respuesta/ Prefiero leer entre líneas”).

Mejor, entonces, sigamos leyendo esa maravillosa obra, mayormente poética, que nos legó Sylvia y que actualmente es ya ineludible. Y aprovechemos la fecha para recordar esa obra.

(Alejandro Rodríguez Morales)

Advertisements

Cámara fotográfica

Aperture-010

Imagen tomada de Flavorwire

 

Qué aparato tan meticuloso éste

que puede detallar tantas cosas

que no vemos;

una persona que pasa a lo lejos,

el pájaro que vuela en el horizonte,

aquel farol roto en la casa de la esquina,

un vendedor de dulces, una bicicleta inmóvil,

un perro hurgando en la basura

un poco más allá y en la distancia.

¡Y creemos que somos lo fotografiado!

Pero en realidad ve tantas cosas

que nosotros no vemos,

no porque no podamos,

sólo nos falta atención,

algo que a ella le sobra.

Deberíamos quizá, de vez en cuando,

imitar su foco,

para fijarnos en lo rico que es el mundo

y en la inmensa cantidad de vida

que nos rodea.

 

(Alejandro Rodríguez Morales)