Monthly Archives: January 2013

Un poema recién descubierto de Carl Sandburg

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Recientemente, el día 21 de enero de 2013, el “Chicago Tribune”, periódico de los Estados Unidos de América, informó (aquí http://www.chicagotribune.com/news/local/ct-met-sandburg-poem-found-20130121,0,7226266.story) acerca del descubrimiento de un poema desconocido (y por lo tanto nunca publicado) de Carl Sandburg, varias veces ganador del Premio Pulitzer (1919, 1940 y 1951). El poema se titula “Un revólver” (A Revolver), y, como indica el Chicago Tribune, aparece en un momento en que el debate sobre las armas en el país del Norte está más encendido que nunca. Se trata de un poema que fija una posición crítica ante las armas de fuego, y que es válido no sólo en el contexto de violencia que se vive en aquellas latitudes, sino también en ámbitos como el venezolano, en que igualmente hay un uso cotidiano de las armas, generándose un gran número de víctimas mortales constantemente. Es por ello que he querido compartir en este espacio mi traducción del recientemente encontrado poema de Sandburg, la que verán a continuación, precedida, como no podía ser de otra manera, del original en inglés.

A Revolver

Here is a revolver.

It has an amazing language all its own.

It delivers unmistakable ultimatums.

It is the last word.

A simple, little human forefinger can tell a terrible story with it.

Hunger, fear, revenge, robbery hide behind it.

It is the claw of the jungle made quick and powerful.

It is the club of the savage turned to magnificent precision.

It is more rapid than any judge or court of law.

It is less subtle and treacherous than any one lawyer or ten.

When it has spoken, the case can not be appealed to the supreme court, nor any mandamus nor any injunction nor any stay of execution in and interfere with the original purpose.

And nothing in human philosophy persists more strangely than the old belief that God is always on the side of those who have the most revolvers.

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Un Revólver

He aquí un revólver.

Tiene un asombroso lenguaje propio.

Entrega ultimátums infaliblemente.

Es la última palabra.

Un simple, pequeño dedo índice puede contar una historia terrible con él.

Hambre, miedo, venganza, robo, se esconden tras él.

Es la garra de la selva vuelta rápida y poderosa.

Es el garrote del salvaje dotado de precisión magnífica.

Es más expedito que cualquier juez o tribunal.

Es menos sutil y traicionero que cualquier abogado o diez de ellos.

Cuando ha hablado, el caso no puede ser apelado a la suprema corte, no hay recurso alguno, ninguna acción de amparo, ninguna suspensión judicial que interfiera con el propósito original.

Y nada en la filosofía humana persiste más extrañamente que la vieja creencia de que Dios está siempre del lado de aquellos que tienen más revólveres.

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Un poema de Daniela Jaimes-Borges

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Con gran placer queremos presentar a los lectores de este Depósito de objetos perdidos un texto de la poeta venezolana Daniela Jaimes-Borges, quien gentilmente nos ha permitido publicarlo en este espacio. No queremos sino añadir nuestro agradecimiento a Daniela por este gesto y esperar que siga escribiendo muchas líneas más para el disfrute de quienes tenemos la fortuna de leerlas.

 

I

He visto hombres marchar sin rumbo.

He visto hombres renunciar pronto, volver al punto de origen.

He visto hombres seguir, golpearse, para llegar más lejos.

He visto hombres ir con más calma. Cayendo.

He visto hombres ensuciándose con la tierra que seduce el aire.

He visto hombres incompletos siguiendo un espejo para descubrir el mundo.

He visto hombres sentimentales sin pensar en las consecuencias.

He visto hombres despedirse sin reconocer su voz.

He visto hombres volver sin su regreso.

II

He visto hombres esperando otra alma que se despida, oscureciendo su vejez.

He visto hombres renacer cuando su mujer enferma.

He visto hombres sembrando árboles porque no tuvieron hijos.

He visto hombres alucinados, inventando imposibles de sí.

He visto hombres que deciden morir mil veces, antes de ser marionetas, antes de su final, después de sus familias.

III

He visto hombres que pasan de un carrusel a unas piernas.

He visto hombres romperse frente a la virtud reciente.

He visto hombres-paisajes,  escapar atados a su cobardía, haciendo dibujitos en el aire. He visto hombres que intentan adivinar nuestros nombres y apenas los susurran muy de lejos.

 

He visto hombres, muchos hombres, cuando en realidad son uno.

 

Mi traducción del poema “The Four-Moon Planet”, de Billy Collins

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(Foto original de Michael Myers)

En una entrada anterior de este depósito de objetos perdidos tuve oportunidad de compartir mi traducción de un texto de Billy Collins (Forgetfulness), poeta estadounidense al que leo y releo, y cuya obra disfruto mucho, por sus reflexiones y su humor elegante. Además de la entrada que acabo de mencionar, hace poco también tuve ocasión de presentar mi traducción de “Hippos on Holiday”, otro de esos poemas marca “Collins”, pues resulta muy característico de lo que este autor hace; traducción que la Revista Electrónica de Literatura Círculo de Poesía tuvo la gentileza de publicar (aquí el link: http://circulodepoesia.com/nueva/2013/01/patente-de-corso-billy-collins/). Ahora quiero compartir acá mi versión al español del poema “The Four-Moon Planet”, del mismo autor. Al igual que en ocasiones anteriores dicha versión va precedida del original en inglés.

The Four-Moon Planet

                                    “I have envied the four-moon planet” (The Notebooks of Robert Frost)

Maybe he was thinking of the song

“What A Little Moonlight Can Do”

and became curious about

what a lot of moonlight might be capable of.

 

But wouldn’t this be too much of a good thing?

and what if you couldn’t tell them apart

and they always rose together

like pale quadruplets entering a living room?

 

Yes, there would be enough light

to read a book or write a letter at midnight,

and if you drank enough tequila

you might see eight of them roving brightly above.

 

But think of the two lovers on a beach,

his arm around her bare shoulder,

thrilled at how close they were feeling tonight

while he gazed at one moon and she another.

———

———

El Planeta de las Cuatro Lunas

                         “He envidiado al planeta de las cuatro lunas” (Los Cuadernos de Robert Frost)

Quizá él estaba pensando en la canción

“Lo que un pequeño claro de luna puede hacer”

y sintió curiosidad

de lo que muchos claros de luna serían capaces de hacer.

 

¿Pero no sería esto demasiado para ser bueno?

¿Y qué tal si no pudieras separarlas

y se estuvieran rozando siempre

como pálidas cuatrillizas entrando en la sala?

 

Sí, habría suficiente luz

para leer un libro o escribir una carta a medianoche,

y si tomaras suficiente tequila

podrías ver ocho de ellas brillando arriba.

 

Pero piensa en los dos amantes en la playa,

el brazo de él alrededor del hombro desnudo de ella,

estremecidos de cuán cerca se sienten esta noche

mientras él mira a una luna y ella a otra.

Imaginario cadáver exquisito

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“Los cadáveres de mis días

marcan mi camino y les voy llorando”

(Guillaume Apollinaire)

 

En la poesía (tanto como en el arte) son bien conocidos los denominados “cadáveres exquisitos”, que consisten en el ensamblaje colectivo de un conjunto de palabras, versos o párrafos, a manera de un juego en el que participan dos o más personas, las cuales van escribiendo, alternándose, los respectivos textos. A continuación comparto lo que quise llamar un “Imaginario cadáver exquisito”, resultado justamente de un juego en el que fui tomando libros (por eso su carácter imaginario) de algunos de mis autores predilectos y abriendo páginas al azar; en el orden en que iba tomando cada libro, en ese mismo orden fui anotando los versos y esto fue lo que surgió. No es nada novedoso ni original, es solamente un juego, pero también una manera de acordarme de esos autores que para mí son imprescindibles.
 

Imaginario cadáver exquisito

 
Pertenezco a la noche detenida
y proviene de un país lejano como la salud.
Sólo me oigo
sin comprender, como los animales.
 
El hacha abrió una calle, después otra.
 
Lo que la muerte da para empezar
queda marcado para secula seculorum,
espiémoslo como un solo ojo.
 
Qué lento pasa el tiempo,
¿no han combatido la injusticia?
Te vas volviendo olvido
roto y zanjado una vez por la desesperación
como un copo de oro.
Y subes hasta el grito como el cohete,
un vestido viejo.
 
Yo me propongo recorrer la isla de basalto.
Soy el que ve las proas desde el puerto,
que recibiendo la carnada
nunca da con el anzuelo,
en una mano tiene un arco y con veinte flechas dispara,
pero entonces ¿qué soy yo?
-Y desciende rodando.
 
Los árboles se convierten en metal,
desátame, amor mío, hoja por hoja,
de las que allí había al principio.
 

Autoría de los versos:
 
1: Vicente Gerbasi
2: Sylvia Plath
3: Alejandra Pizarnik
4: Rainer Maria Rilke
5: Eugenio Montejo
6: Fernando Pessoa
7: Nicanor Parra
8: Rafael Cadenas
9: Wislawa Szymborska
10: Bertolt Brecht
11: Darío Jaramillo Agudelo
12: Hanni Ossott
13: Alfonsina Storni
14: Octavio Paz
15: Ingeborg Bachmann
16: José Antonio Ramos Sucre
17: Jorge Luis Borges
18 y 19: Elizabeth Schön
20: Andrés Eloy Blanco
21: Ted Hughes
22: José Emilio Pacheco
23: Anne Sexton
24: Jaime Sabines
25: Leopoldo María Panero

El caso del poema “Fastidio”, de Andrés Eloy Blanco

A mi abuelo, otro outsider,  por toda la literatura

El pasado sábado 12 de enero se llevó a cabo en la nueva Librería Lugar Común, en Altamira, Caracas, un evento sobre la conocida Revista de Poesía El Salmón, en el cual participaron Gina Saraceni, Willy Mckey y Santiago Acosta. Entre las muchas reflexiones interesantes que se hicieron ese día hubo una referida a la irremediable carencia inherente a las antologías, de allí que disponer de la obra completa de un autor es siempre lo ideal para no perderse algunos textos que pueden llegar a ser verdaderos tesoros. Se citó el ejemplo, puesto a la luz en el primer número de la Revista de Poesía El Salmón, del fragmento del poema “El río de las siete estrellas (Canto al Orinoco)”, de Andrés Eloy Blanco, poco conocido pero que puede encontrarse en la edición de 3 tomos de su Poesía, publicada ya hace más de 30 años, por Ediciones Centauro (Caracas, 1980). Eso me hizo recordar que uno de mis poemas favoritos de Andrés Eloy Blanco es, precisamente, uno que no ha sido publicado nunca en ninguna antología, pero no solamente eso, sino que tampoco está contenido en la ya mencionada edición de 3 tomos publicada el año de mi nacimiento. Tengo la gran fortuna de haber heredado de mi abuelo paterno un viejo Tomo, concretamente el Tomo I – Poesía, de las Obras Completas de nuestro poeta cumanés, editadas por el Congreso de la República en el año 1973. El caso es que en este fabuloso volumen hay un conjunto de poemas que no se encuentran en la “Poesía” de 3 tomos que tanto he citado. Es por ello que he querido utilizar este modesto blog para, de alguna manera, “rescatar” este poema de Andrés Eloy Blanco que muy pocas personas han leído y que incluso fue omitido en la edición más conocida, relativamente accesible y supuestamente completa de su poesía. Quiero agregar únicamente que este poema, titulado “Fastidio”, en mi opinión (que es la de un verdadero outsider, pues quienes me conocen saben, y ahora también quienes lean esto, que no estudié Letras ni carrera similar alguna), dista bastante del conjunto poético de Andrés Eloy y me resulta más bien cercano a voces como las de José Antonio Ramos Sucre o Alejandra Pizarnik, destacándose en el texto imágenes como el “Abismo”, el “vértigo”, la “noche”, los “lobos”, el “cansancio”. A continuación, sin más preámbulos entonces, el poema “Fastidio”, de Andrés Eloy Blanco:

Fastidio

Siempre lo mismo, Dios, siempre lo mismo!

Estar de pie y espera, espera, espera!

Estar de pie en el labio del Abismo,

ni un paso atrás, ni un vértigo siquiera!

Estar de pie en el labio de lo ignoto

y el labio mudo a mi avidez

y en todas mis potencias un férvido alboroto,

carne y alma a la vez…

Y los cinco sentidos que gritan enjaulados:

-Tenemos hambre, suéltanos! Tenemos sed, devora!

¿Quién te habló de virtudes? ¿Quién te habló de pecados?

La Noche será eterna… No dejes ir la Aurora!

Y abro la jaula y les doy vino

y les doy carne, que es su pan,

porque ellos son lo único que encontré en el camino

y conmigo vinieron y conmigo se van…

Pero en pleno zenit de los placeres,

esa hormiga que corre de mi espalda a mis pies

y me dice al oído: -Mejor será que esperes;

tus lobos están sueltos, y después, y después!…

¿Y después? Si yo mismo pregunto y ¿quién contesta?

Mis lobos se morían sin sol, sin pan, sin fiesta

y les abrí la cárcel y felices corrieron,

y si no han de vivir más vida que ésta

y han de vivirla presos, ¿para qué me los dieron?

 

Y eso que tú me ofreces,

¿para cuándo será?

Y si al fin a ti vamos, ¿a qué vivir dos veces?

¿Por qué desde el principio no nos dejaste allá?

 

Porque ya este cansancio no es cansancio siquiera;

es que ya me fastidio de mi propio sendero.

Estar de pie y espera, espera, espera…

y no sé a quién espero.

50° Aniversario de “La campana de cristal” de Sylvia Plath

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Hoy, 14 de enero de 2013, es una fecha especial para el mundo de la literatura; se cumplen 50 años de la publicación de “La campana de cristal” (The Bell Jar), de la gran poeta estadounidense Sylvia Plath, quien lo hiciera en aquel momento bajo el seudónimo de Victoria Lucas. Poco menos de un mes transcurrió desde aquel 14 de enero de 1963 para que el mundo se enterara, el 11 de febrero de ese año, del suicidio de esta maravillosa escritora, que se nos fue a los 30 años de edad (por lo que el próximo 11 de febrero se cumplirán 50 años de su desaparición física). Para recordar la importante fecha de los 50 años de la publicación de la que fuera su única novela (si bien con un contenido profundamente poético), se ha editado una edición conmemorativa bajo el sello editorial inglés Faber and Faber.belljarvictorialucas

Como lector que soy de la obra de Sylvia Plath, no podía pasar por alto este 50° aniversario, razón por la cual he querido publicar una entrada al respecto en este blog y adicionalmente compartir con quienes lo visitan precisamente un pasaje de “La campana de cristal” (publicada por primera vez, insisto, bajo el seudónimo de Victoria Lucas, el 14 de enero de 1963):

“Vi mi vida extendiendo sus ramas frente a mí como la higuera verde del cuento.

De la punta de cada rama, como si de un grueso higo morado se tratara, pendía un maravilloso futuro, señalado y rutilante. Un higo era un marido y un hogar feliz e hijos y otro higo era un famoso poeta, y otro higo era un brillante profesor, y otro higo era E Ge, la extraordinaria editora, y otro higo era Europa y África y Sudamérica y otro higo era Constantino y Sócrates y Atila y un montón de otros amantes con nombres raros y profesiones poco usuales, y otro higo era una campeona de equipo olímpico de atletismo, y más allá y por encima de aquellos higos había muchos más higos que no podía identificar claramente.

Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies”.

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Como dato curioso, aprovecho para comentar que con ocasión de la película “Sylvia” (2003), protagonizada por Gwyneth Paltrow y Daniel Craig, se escribió (desconozco quién lo haya hecho), un poema basado en el pasaje anterior, el cual es leído por Paltrow al comienzo de la película. A continuación podrán leer ese poema en su versión original en inglés y luego en español (la traducción y sus imperfecciones corren por mi cuenta):

Sometimes I dream of a tree,

And the tree is my life.

One branch is the man I shall marry

And the leaves are my children.

Another branch is my future as a writer

And each leaf is a poem.

Another branch is a glittering academic career.

But as I sit there, trying to choose,

The leaves begin to turn brown and blow away

Until the tree is absolutely bare.

——-

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Algunas veces sueño con un árbol

Y ese árbol es mi vida.

Una rama es el hombre con el que me casaré

Y las hojas son mis hijos.

Otra rama es mi futuro como escritora

Y cada hoja es un poema.

Otra rama es una brillante carrera académica.

Pero mientras estoy sentada allí, tratando de escoger,

Las hojas comienzan a secarse y a caer

Hasta que el árbol queda completamente vacío.

Larga vida a la obra de Sylvia Plath, y que muchos lectores más encuentren en “La campana de cristal” una maravillosa compañía.

Atardecer en la montaña

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La foto que acompaña el poema que quiero compartir en esta entrada la tomé en los Jardines Topotepuy, ubicados en Oripoto, Municipio El Hatillo; un lugar que sin duda les recomiendo visitar si viven en la ciudad de Caracas o la visitan alguna vez.

 

 

El día rodaba por vegetales colinas
arrastrando consigo los rayos solares
y generando el primer bostezo de los perros,
los tonos azules se iban tornando negros
y las sombras salían, finalmente liberadas,
en el silencio de la hierba y de la tierra
a la espera del canto de los grillos,
era un atardecer en la montaña,
dentro de la ciudad si bien fuera de ella.
El movimiento de los pinos me contaba
el secreto indescifrable de los días
en un idioma diferente al mío,
yo sabía que me hablaba,
suavemente iba escribiendo cada letra.