Monthly Archives: November 2012

Donde trato de explicarme un poco más el nombre de este blog

Me ha parecido importante reflexionar un poco más acerca del nombre que le he dado a este blog, a saber, “Depósito de objetos perdidos”, ya que siento que significa unas cuantas cosas, y no quisiera pasarlas por alto, por lo que este sencillo post tiene como finalidad presentar precisamente dichos elementos que, de una forma u otra, hacen que tenga un especial sentido la denominación de este espacio.

En primer lugar, tiene que ver, como lo decía en el post anterior, con un verso de un poema que escribí hace algún tiempo. Y como puedo cumplir prontamente lo prometido, al haber encontrado ya el referido poema, aprovecho para transcribirlo, acotando que se titula “Lo perdido”:

Me refugio en el búnker
que he construido lentamente,
el único lugar tranquilo,
lejos de tu recuerdo
y del recuerdo de mí mismo,
quizá más lejano,
y me hago acompañar
de tantas páginas
que aquí me rodean,
si bien todas parecen decirme
que vaya a buscarte
en el depósito de objetos perdidos
que he sabido construirme
poco a poco en el transcurso
de mi vida.

Ahora bien, el nombre de este blog tiene que ver también con el hecho de que cuando uno escribe, especialmente poemas, de alguna forma va dejando pedazos suyos tras de sí, que se pierden en el papel (o en el soporte electrónico cuando es el caso), aunque al mismo tiempo podamos volver a ellos, como esos objetos perdidos que uno podría eventualmente recuperar si acudiera al respectivo depósito.

A su vez, se me antoja que un sitio como ése, un depósito de objetos perdidos, es un lugar poco frecuentado, y creo que lo mismo puede ocurrirle a este modesto y sencillo blog, al menos por tres razones:

1) Hay demasiados blogs como para que éste, nuevo y humilde, mantenido por alguien que no es conocido en ningún ámbito literario, sea notado por mucha gente o acaso por muy poca;

2) Aunque puede decirse que hoy en día todavía existe gente que se interesa por la literatura, la verdad (no nos engañemos) es que es más la gente que prefiere ver un video en Youtube o mirar los Trending topics en el Twitter para tuitear en consecuencia, que aquella que disfruta leer un libro o textos que hablen de literatura (sea en el formato que sea, esto es, incluyendo Kindles, Ipads o la propia computadora). Es importante, antes de mencionar la tercera razón, que la recién esbozada no es una crítica a quienes viven alejados de la literatura, es solamente un motivo de tristeza ante la evidencia del bien que puede hacer un gran libro en una persona, dato que desconocen y no han experimentado precisamente aquellos, por lo que los programas que fomentan la lectura, bien estructurados y desarrollados, deberían ser considerados de suma importancia en los actuales momentos (y no digo sólo en Venezuela, sino en todo el mundo, puesto que no se trata de un fenómeno meramente local).

3) Si es poca la gente a la que le interesa la literatura, tengo la impresión (que por supuesto podría ser una errónea impresión) que es menos aún la gente a la que le interesa la poesía, y que por ende quieran leer un blog dedicado mayormente a dicho género literario. Debo acotar, en cuanto a esto último, que esa impresión mía no es arbitraria, he visto cosas que me llevan a sustentarla; me ocurrió por ejemplo en Bogotá, Colombia, que en una muy buena librería en la que compré unos cuantos libros de poesía me preguntaron con asombro si yo leía poesía (retóricamente por supuesto), ya que no solían visitarles ávidos (más por lo codicioso que por lo ansioso) lectores de poesía como yo; me pasó también en Caracas, en una Librería Tecniciencia, en la que encontré un excelente ejemplar de la Colección Visor de Poesía, de España: el poemario “Donde rompe la noche” de Alejandro Duque Amusco, a un precio (por increíble que parezca), de tres (3) bolívares (ni siquiera un dólar al cambio oficial)!!!!!! Y cuando pregunté en la caja si el precio estaba bien, me respondieron: -Es que nadie compra poesía.

Por otra parte, y continuando con la explicación del nombre de este blog, hablar de un depósito de objetos perdidos me hace recordar que, de cierto modo, este aspecto literario lo había dejado perder en lo que toca a su publicidad, es decir, en cuanto a darlo a conocer, pues hasta el momento había sido algo que incluso pocas personas sabían que hacía.

En definitiva, entonces, considero que la fortuna hizo que diera con este nombre tan apropiado para este espacio que espero no volver a perder o que podré perder con la certeza de tener la posibilidad de ir al correspondiente depósito y encontrarme nuevamente conmigo mismo.

De comienzos y finales

Estamos cerca del final de este año 2012, e incluso, según una peculiar y sensacionalista interpretación del calendario maya, también del mismísimo final del mundo. Sin embargo, he decidido comenzar, en estos días finales del año, a escribir en este blog que recién he creado y que el capricho ha querido que lleve por nombre “Depósito de objetos perdidos”, lo que tiene que ver con algún poema que escribí en cierta ocasión y que luego colocaré aquí (a saber, cuando lo encuentre), y con algunas imágenes que mi inconsciente me dice que se ajustan perfectamente a lo que representa este blog. La idea me había dado vueltas en la cabeza desde hace mucho (quizá por eso mismo ya debía estar cansada la pobre), y aprovechando que llevo tiempo familiarizado con los blogs (pues desde el 2001 mantengo uno sobre temas técnicos propios de mi “modus arepandi”, vale decir, mi actividad profesional de abogado), me pareció que era tiempo de utilizar esta misma plataforma para dejar en algún lugar de este inmenso espacio que es Internet, algunos de los textos (a los cuales quisiera llamar poemas) que he ido escribiendo durante años (en paralelo a los textos jurídicos o legales que también he escrito y que de hecho han dado lugar a la publicación, hasta este momento, de once libros). Me di cuenta, y lo ratifico ahora que lo veo escrito, que había dejado de lado, no en la intimidad pero sí hacia el exterior, esa parte literaria que tanto me ha dado (particularmente cuando leo, más que cuando escribo, ya que la lectura es un ejercicio que se puede hacer en casi cualquier momento y lugar, y que permite la reflexión y la quietud – algo tan necesario en tiempos convulsionados y tensos como los que vivimos-, especialmente si se lee poesía). Es así como, colgando el saco y quitándome la corbata (imaginariamente apenas), espero ir alimentando este depósito de objetos perdidos, tanto con mis poemas como con poemas de otros cuya lectura he disfrutado y quiero compartir o simplemente con cualquier comentario que se me ocurra y que tenga que ver con literatura, música o cine, por lo que, de algún modo, puede tomarse como una suerte de bitácora o diario personal. Aquí comienzo este blog al final de un año en el que se dice llegará el final del mundo, por eso mejor no dejar para mañana lo que puede hacerse desde ya.

Bienvenidos!

Bienvenidos a este modesto espacio que no es más que un depósito de objetos perdidos, de esos fragmentos, propios y ajenos, que se van quedando en el camino aunque sigan siendo parte de nosotros; un lugar bastante particular en el que podrá encontrarse de todo un poco, si bien la mayoría de los que pasan por el aeropuerto donde está situado este depósito (esos heterónimos míos que prefieren usar mi propio nombre) tienen una especial predilección por la poesía. Que puedan encontrar algún objeto perdido que sientan suyo o puedan hacer suyo, pasen adelante!