Un poema de Adília Lopes

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No me gustan tanto
los libros
como a Mallarmé
parece que le gustaban
yo no soy un libro
y cuando me dicen
me gustan mucho sus libros
me gustaría poder decir
como el poeta Cesariny
fíjate
a mí me gustaría
es que tú gustases de mí
los libros no están hechos
de carne y hueso
y cuando tengo
ganas de llorar
abrir un libro
no me alcanza
necesito un abrazo
pero gracias a Dios
el mundo no es un libro
y la casualidad no existe
entretanto me gustan mucho
los libros
y creo en la Resurrección
de los libros
y creo en que en el Cielo
haya bibliotecas
y se pueda leer y escribir.

(Traducción de Alejandro Rodríguez Morales)

Capricho

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Van las palabras

de una orilla a la otra

transformándose en el viaje

inevitablemente,

dejando estelas visibles

a su paso

que forman el poema

sujeto al azar de la brisa,

a la casualidad de la marea,

al capricho de la mano que lo escribe

y de los ojos que lo leen.

 

Palabras

de una orilla

transformándose,

estelas,

paso,

poema:

Azar,

casualidad,

capricho de la mano,

ojos.

 

(Alejandro Rodríguez Morales)

Cuando toca dejar de hacer silencio

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Cuando toca dejar de hacer silencio

Desde hace quizá demasiado tiempo he guardado silencio respecto a una persona movido por la idea de no empeorar su situación. Sin embargo, sucede que puede llegarse al punto en que sea ineludible dejar de hacer silencio y ese punto en efecto ha llegado. Se trata de alguien cuyo nombre no hace falta mencionar pero que muchos saben muy bien quién es. A esta persona la conocí con ocasión de haber sido estudiante de una materia que impartía en la Universidad Católica Andrés Bello. Durante el curso puedo decir que fue una buena estudiante, responsable y atenta. No obstante, en algún punto comenzó a enviarme correos electrónicos en un primer momento para hacer consultas sobre la materia, pero luego para que leyera algunos textos suyos (sabiendo ella que me precio de amar la lectura), incluso una carta que envió al concurso de cartas de amor organizado por MontBlanc.

Más adelante, ya habiendo finalizado la materia y por ende no existiendo más un vínculo de estudiante-profesor que le permitiera verme, empezó a mandarme más correos, ahora con recomendaciones de música y más textos suyos y de otros poetas, como Octavio Paz. Tengo debidamente guardados estos correos con sus fechas respectivas (que no publico aquí para mantener todavía un cierto respeto, pero que perfectamente puedo publicar en cualquier momento).

Estuvimos teniendo intercambios por correo electrónico pues no veía nada malo en tener dicho intercambio (que ojalá no hubiese tenido). Entonces ella me había agregado también al Blackberry Messenger, medio por el cual comenzamos a comunicarnos, siempre desde la cordialidad y compartiendo intereses y gustos comunes en cuanto a lo literario y lo musical.

Luego de algunos meses de intercambio por esas vías, ella me dijo que si podíamos tomarnos un café e ir juntos a alguna librería. Yo, torpemente, entendí que se trataba de una salida de amistad, por lo que no me pareció un problema ni el café ni la librería. Fue de esa manera que comenzó una amistad que yo apreciaba bastante dado que compartíamos gustos e intereses. Fueron muchas tazas de café y muchas librerías.

No obstante, esa relación que era solamente de amistad (y que yo en ningún momento dije que quisiera que fuera otra cosa), resultó afectada cuando una noche, cuando la llevaba yo a su casa, al despedirse de mí sin ton ni son decidió darme un beso en la boca.  En el acto le dije que eso no estaba bien y que yo no quería tener una relación de ese tipo con ella. Por supuesto que ella entró en negación y dijo que yo sí quería, que lo que pasaba era que yo no me daba cuenta y que mis gestos mostraban que sí era lo que yo quería. Le insistí, una vez más, que no quería una relación de pareja con ella.

Allí comenzó el verdadero problema. Y en este punto no puedo evitar reflexionar que el amor es algo a lo que no puede obligarse a nadie, por lo cual si una mujer rechaza a un hombre (y lo deja en la llamada “friendzone” o zona de amistad) ese hombre tiene que marcharse y olvidarse del asunto, pero lo mismo es igual de válido en caso de que sea un hombre el que rechaza a una mujer (y la deja en esa “friendzone” antes mencionada). A pesar de eso, conozco varios casos en los que un hombre le dice a una mujer que no quiere una relación amorosa con ella y eso conlleva, lamentablemente, que esa mujer no lo tome adecuadamente y diga cosas como que “seguramente es homosexual” (por no utilizar otros términos, y siendo en realidad que ser homosexual no puede ser tomado como insulto aunque es el modo en que en ese caso quisieran usarlo), o que “es un patán, un desgraciado” y otros improperios similares o peores.

Luego de aquella noche, después de la cual quizá yo debí haberme alejado de manera tajante, ella siguió buscándome alegando que se disculpaba por lo ocurrido, y que ella quería ser mi amiga y nada más, que me lo prometía y que no volvería a pasar. Pero claramente ya la relación no era la misma y yo tuve que seguir insistiendo una y otra vez en que yo no quería una relación amorosa con ella. El rencor, entonces, se fue acumulando en sus pensamientos y la relación se volvió tóxica; mi error, como dije, no haberme distanciado tajante e irreversiblemente. Tuve incluso que decirle que no me gustaba, pero no lo entendía; lamentablemente parecía no haber forma de que me entendiera. Me llegué a plantear decirle incluso que era homosexual (lo cual no es bueno ni malo, simplemente es para quien lo sea) para ver si abría los ojos (quizá hubiese sido mejor).

Así las cosas, llegó un momento en que efectivamente nos dejamos de hablar y ya no hubo más comunicación ni por messenger ni por redes sociales. Fue después de mucho tiempo que, creyendo yo que ella había resuelto sus pensamientos, volvimos a tener un cierto contacto, si bien ya no cercano sino meramente a través de las redes sociales.

Lamentablemente, ella no había volteado la página y su rencor se manifestaba de cuando en cuando con las famosas “indirectas” en las redes o con poemas o textos que publicaba pretendiendo decir que le hice daño (cuando simplemente yo no quise tener una relación de pareja con ella), así como también a través de comentarios “anónimos” en mi blog diciendo lo malo que es ese espacio o los poemas que allí publico. Ya entonces, y por amigos en común, que no eran pocos, iba sabiendo de toda clase de cosas negativas que le decía sobre mí a otras personas, como que yo le había hecho daño o que yo era una mala persona, un monstruo y un largo etcétera que no merece la pena detallar. Incluso escribió varios mensajes “indirectos” para decir que mis libros eran malos y que no debía publicar yo ni un solo poema más. En un doble juego, dicho sea de paso, me enviaba de cuando en cuando, algún mensaje privado en Twitter diciendo que tal o cual poema que publiqué era bueno. En definitiva, como dije, el vínculo ya era sumamente tóxico.

Toda esa situación ha conllevado, entre otras cosas, que ya no me parezca viable invitar a una mujer a un café en plan de amistad, por el temor de que pueda creer que yo quiero algo diferente y todo termine mal otra vez (si bien por fortuna, hoy por hoy, tengo una bonita relación con una mujer con la cual yo sí quiero estar, pues incluso se lo digo a diario). También me he aislado cada vez más, para evitar casi toda interacción que alguien pueda tomar de manera distinta.

Pero en fin, el caso es que hace algunos días me encontré con que en Goodreads (plataforma para compartir lecturas), sorpresivamente había dos “personas” calificando uno de mis libros con una y dos estrellas. Eso no tendría nada de peculiar en sí mismo pues cualquier libro, incluso uno escrito por un ganador del Premio Nobel de Literatura, puede no gustarle a mucha gente o a casi nadie o a algunos pocos. Lo peculiar en este caso es que justamente esas dos personas calificaban un libro de ella con cinco estrellas, algo que, por su forma de actuación durante todos estos años desde que le dije que no quería nada con ella, coincidía exactamente con ella. Fue así como, para que notara que yo me había dado cuenta de esto, hice lo propio y califiqué, vía otras cuentas en Goodreads, su libro con una y dos estrellas y el mío con cinco. Efectivamente ella se dio cuenta y eso activó nuevamente su rencor y su rabia, lo que conllevó que me eliminara nuevamente de Twitter (no pudo en Facebook porque hace meses cerré mi cuenta en esa red) y que publicara precisamente en Facebook un texto lleno de ofensas y alegaciones en mi contra, todas originadas, lamentablemente, por aquella relación que ella quería conmigo y que yo no quise.

Ella, probablemente, seguirá hablando mal de mí, diciendo que le hice daño o que de repente soy homosexual y por eso no quise nada con ella, o que soy un loco y cualquier otra cosa que se invente, pues, lamentablemente, hablar y escribir cosas negativas de cualquiera es gratis, por lo que no ha de extrañarme nada de lo que pueda decir producto del rencor que todavía guarda por mi negativa.

Pienso que es bueno, sin embargo y en definitiva, que todo esto haya pasado, pues ahora mi cuenta en Twitter está conformada por quienes me son más cercanos y saben de esta historia que nunca debió ocurrir y que mantuve en silencio todo lo que pude.

Un poema de Jéssica Tomé

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Siempre me brinda una particular alegría encontrar libros geniales, ir descubriendo lo que otros, también en otras latitudes e incluso en otros idiomas, escriben. Una de mis recientes alegrías de lector ha sido el libro “Os filhos de Marx e da Coca-Cola” (Los hijos de Marx y de la Coca-Cola), primer poemario de la portuguesa Jéssica Tomé (1994) que ha sido publicado este mismo año por la editorial Alfarroba. De este maravilloso libro he querido compartir en el modesto espacio de este blog el poema “Manifesto” (Manifiesto) con el que Jéssica inicia, de excelente forma, su primer libro y que marca el tono del resto de poemas que lo integran.

 

MANIFIESTO

 

La alfabetización del FIN DEL MUNDO sólo será posible si está

basada en la siguiente idea:

TODO ES EN VANO.

Resuelvan de una vez su sofisticación importada y su

fama casera,

La mayor plaga de la tierra es la auto-devoción.

Dejen renacer a FÉNIX al Este del Paraíso

Para que les hable sobre la caída del Imperio

Y antes que llegue el Día del Juicio

Vengan a saber que desde el inicio se cuenta el final.

Volvamos a aprender el significado de EXTRAORDINARIO,

Para acabar con todo lo que se dice <<normal>>.

Destronemos dicha arte que reina hace más tiempo del necesario

E implantemos en su lugar la LÚCIDA VISIÓN DE LA LOCURA

que dicen es fatal.

Violemos las Órdenes Silenciosas que amenazan destruir todo lo

que nos es querido

Corrompiendo nuestra VOLUNTAD con la excusa de

la globalización,

Para que dejemos de apoyar los principios megalómanos en

que el sistema se encuentra sostenido

Con nuestra sumisión voluntaria.

Sólo el DESORDEN DE LOS SENTIDOS por medio de

EXPERIENCIAS DOLOROSAS

Adquiridas en el simple acto de VIVIR pueden llevarnos al

conocimiento del <<YO>>.

Es durante el TRANCE NATURAL del momento creativo que

tenemos acceso a las avenidas misteriosas

Donde se encuentra la compleja sustancia que nos define, pero

que nuestra razón escondió.

Sustituyamos con palabras la estática de los medios de

comunicación existentes

ALTEREMOS EL ORDEN DE LAS COSAS para que sea

revelada la VERDADERA EXPRESIÓN DEL SER

Y del CAOS aparente surjan IDEAS EXACTAS y COHERENTES

Como armas en la DENUNCIA de todo aquello que está mal, pero

que la mayoría finge no VER

Por último, es preciso encontrar la PAZ en la noción de que

EL ALMA NUNCA QUEDARÁ SACIADA,

Que no somos quienes creemos que somos, sino OTRO

ALGUIEN,

Y que sin el derecho al SILENCIO, de la LIBERTAD no queda

nada.

 

Amén.

 

(Traducción de Alejandro J. Rodríguez Morales)

Un país poema

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Un país poema

 

Para refugiarse de tantas cosas,

ocultándose en sus palabras.

Sabiendo que es también el lugar

de todo lo imaginable,

que es, a la vez,

el país más libre del mundo,

el más seguro,

el más luminoso,

el que uno anhela

para vivir y para morir,

el que puede tener

todas las estaciones

o no tener ninguna,

el que carece de fronteras

y leyes de inmigración,

uno que no pide visas,

ni tan siquiera pasaportes,

uno que sin embargo

cobra también impuestos.

Quien lo escribe, inevitablemente,

siempre dejará en él

una parte de sí mismo.

 

(Alejandro Rodríguez Morales)

 

[Poesía de Portugal] Un poema de Ana Cunha

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(Ilustración de Natalie Foss)

Como siempre, es un placer para mí poder presentar en este modesto espacio algunas de las traducciones que hago de poemas escritos en otros idiomas como el portugués. En esta oportunidad quiero compartir acá un poema de Ana Cunha (Lisboa, 1993), titulado “Carta a nosotros”, cuya lectura disfruté gracias a una antología de jóvenes poetas que tuve la oportunidad de adquirir en un reciente viaje a Lisboa. Sin más, mi traducción del referido poema de esta joven y maravillosa poeta portuguesa.

 

Carta a nosotros

 

Sabes,

un día tuvimos tantas galaxias por hacer implosión en nuestras manos.

Tuvimos fuerza para abrir cualquier puerta

y besábamos todo,

pequeños en un mundo tan grande.

Y juntos luchábamos con todos los demonios

enjaulados en la mente.

 

Pero ahora

liberamos todas las aves de nuestra mirada,

diciendo adiós.

 

Nuestros labios están cansados y secos.

El mundo fue nuestro, lo sabemos,

pero al poco vuelve a sernos desconocido.

Las puertas que nos juntaron cierran,

cedieron los brazos cansados,

se apodera el miedo.

 

Sabemos la verdad.

Los caminos que seguíamos ya no nos traen nada,

a no ser cenizas de lo que fuimos.

 

Tú exhalas en mí

“Todo va a estar bien”

y yo repito en mi mente

ese pequeño mantra nuestro.

 

Ahora que estas galaxias mueren

y nuestras manos se sueltan,

sé que todo es así,

morir para vivir.

 

Al final,

hay pedazos de nuestra geografía

marcados por la ausencia que cada uno deja

en la cama del otro.

Intento ver el futuro como me lo enseñaste:

exhalación en el pecho,

pies en el suelo,

ojos al frente.

 

(Traducción de Alejandro Rodríguez Morales)

El poema a tu lado

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(Pintura de Jean-Louis-Ernest Meissonier)

 

Buscas el poema
y solamente después de un tiempo
te percatas
que ha estado al lado tuyo
incluso desde antes
de que iniciaras las búsqueda,
que a pesar de ello
tu mirada simplemente lo omitía.
No se trata de desprecio
sino de descuido,
aún así sus letras
reciben dóciles
el movimiento de tu mano
que las coloca en la página
para que no vuelvas a perderlas de vista.

(Alejandro Rodríguez Morales)